En un establecimiento, una habitación afectada nunca es un incidente aislado: es una señal que hay que tratar a escala del edificio.

En un hotel o una casa de huéspedes, las chinches se propagan por las habitaciones contiguas, los carros de lencería y la lavandería. El protocolo eficaz consta de tres tiempos: aislar de inmediato la habitación notificada y sus vecinas, inspeccionar toda la planta antes de concluir que es un caso aislado, y tratar con calor para devolver las unidades a la venta con rapidez. Cada etapa debe fecharse y registrarse: eso distingue a un establecimiento bien gestionado de uno en falta.
La chinche recorre unos metros por noche y utiliza los mismos caminos que sus equipos: rodapiés, patinillos, falsos techos, pero sobre todo la lencería. Una sábana retirada de una habitación afectada y depositada en un carro contamina potencialmente todas las habitaciones atendidas después.
Por eso un aviso debe desencadenar la inspección de la habitación afectada, de sus dos vecinas laterales, la de arriba, la de abajo y la lavandería. Tratar únicamente la habitación notificada supone casi siempre volver a ver el problema dos plantas más allá unas semanas después.
La inspección se centra en los refugios clásicos: costuras y etiquetas del colchón, estructura y listones del somier, parte trasera del cabecero, rodapiés detrás de la cama, sillones y cortinas. Los indicios buscados son excrementos negros, mudas y huevos.
Desde el aviso, la habitación debe retirarse de la venta y la lencería evacuarse en bolsa cerrada hasta un lavado a alta temperatura, sin pasar por un carro común. El equipaje del cliente se trata aparte: es el punto más delicado y el más importante para evitar que el problema salga del establecimiento con él.
Facilitamos a sus equipos una ficha de actuación, breve y operativa, para colgar en lavandería y recepción: a quién avisar, qué hacer con la lencería, qué decir al cliente, qué habitaciones bloquear. Una respuesta pautada en diez minutos vale más que una improvisación de tres horas.
El tratamiento térmico lleva la habitación a una temperatura letal para todos los estadios del insecto, huevos incluidos, sin residuo químico ni olor. Es el método más adecuado para un establecimiento en explotación, porque permite devolver la unidad a la venta en cuanto baja la temperatura.
Según la configuración y la magnitud del foco, un insecticida residual puede completar el tratamiento en los puntos de refugio periféricos. En todos los casos se programa un control de seguimiento antes de la vuelta definitiva a la venta; figura en el informe, junto con la lista de habitaciones inspeccionadas y su resultado.
Con un tratamiento térmico, la inmovilización suele contarse en horas: el tiempo del tratamiento, el enfriamiento y la puesta a punto. Un tratamiento químico impone un plazo de reentrada más largo, que le comunicamos por escrito antes de la intervención para que recepción pueda organizar la planificación.
Sí, y rápido. Un cliente informado, realojado en otra habitación u otro establecimiento y al que se le explica el tratamiento emprendido rara vez publica una reseña demoledora. El silencio o la negación producen el efecto contrario.
Son una buena herramienta de prevención y detección: impiden la instalación en el colchón y hacen mucho más visibles los indicios. No tratan una infestación existente y no eximen de inspeccionar el somier y la estructura de la cama.
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