Introducción: quince minutos que evitan tres meses de calvario
La cita para el inventario de entrada rara vez dura más de media hora. Se marcan casillas, se anota un arañazo en el parqué, se leen los contadores, se firma y se recogen las llaves. Nadie levanta el rodapié detrás del radiador. Nadie abre el mueble bajo el fregadero con una linterna. Nadie pregunta si la vivienda contigua recibió tratamiento el año pasado.
Tres semanas más tarde, esa misma persona llama a un técnico al descubrir manchas negras en las costuras de un colchón que acaba de comprar nuevo, o al sorprender dos cucarachas rubias detrás del lavavajillas a medianoche. Y ahí empieza la parte desagradable: demostrar que no fue ella. Demostrar que la infestación ya existía. Sin fotos, sin mención escrita, sin fecha, la conversación degenera rápido en un diálogo de sordos entre inquilino, propietario y administrador de la finca.
Agosto y septiembre concentran la mayor parte de las mudanzas en Francia: es la época del inicio del curso universitario, de los traslados laborales y de los contratos de alquiler que terminan con el verano. También es el pico estacional de actividad de las chinches y las cucarachas, que aprovechan el calor para acelerar sus ciclos. El cruce de ambos calendarios explica por qué la vuelta al cole es, cada año, el momento en que estallan los litigios por «plagas».
Esta guía no es un recordatorio jurídico más. Es un protocolo de inspección concreto, habitación por habitación, para aplicar antes de firmar, junto con la lista de menciones que, escritas en el lugar adecuado, cambian radicalmente el desenlace de un litigio.

Lo que dice la ley, en tres frases útiles
El decreto n.º 2002-120 del 30 de enero de 2002, dictado en aplicación de la ley del 6 de julio de 1989, define la vivienda digna. Exige, entre otras cosas, que la vivienda esté «libre de toda infestación de especies nocivas y parásitos». Esta formulación fue introducida por la ley ELAN de 2018 y sigue siendo la base de cualquier reclamación.
Tres consecuencias prácticas:
- El arrendador debe entregar una vivienda sin infestación. Una infestación presente en el momento de la entrada forma parte de su obligación de entrega, no del mantenimiento corriente del inquilino.
- El inquilino debe mantener la vivienda y avisar sin demora. Un aviso tardío debilita su posición, porque resulta imposible datar el origen.
- En una comunidad de propietarios, los elementos comunes lo cambian todo. Una infestación que circula por los patinillos de instalaciones, los vertederos de basura o los sótanos es responsabilidad del administrador y del presupuesto de la comunidad, no solo del propietario de la vivienda.
Para recordar: la palabra «infestación» es más exigente que «presencia». Dos hormigas no son una infestación. Una colonia de cucarachas rubias en un armario de cocina, sí.
Sobre el reparto detallado de gastos entre arrendador, inquilino y administrador de la finca hemos publicado un dosier aparte: plagas en comunidades de propietarios y en alquiler, quién paga qué. Este artículo se centra en la fase previa: lo que se examina antes de firmar.
El material: cuatro objetos en un bolsillo
Una inspección seria no requiere indumentaria ni equipo profesional. Requiere luz y algo de método.
- Una linterna LED potente, más útil que la del móvil: el haz concentrado revela los excrementos en las ranuras que la iluminación difusa disimula.
- Una tarjeta de fidelidad o una tarjeta bancaria, para deslizarla por las rendijas y hacer caer lo que se esconde ahí.
- Un rollo de cinta adhesiva transparente, para recoger un insecto o una muda y pegarlo en una hoja fechada: una muestra vale más que mil descripciones.
- El teléfono, en modo foto con la marca de fecha y hora activada.
Algunos añaden un espejo de inspección telescópico, del tipo que se usa en mecánica: permite ver bajo una encimera sellada o detrás de una caldera sin desmontar nada. Es el accesorio que marca la diferencia en las viviendas amuebladas.
El protocolo habitación por habitación
1. El dormitorio: buscar la chinche, no el insecto
Casi nunca se verá una chinche viva de día. Lo que se busca son sus rastros, en este orden:
| Zona | Qué se busca | Indicio decisivo |
|---|---|---|
| Costuras y ribetes del colchón | Puntos negros de 0,5 a 1 mm, mudas translúcidas | Puntos que se corren al frotarlos con un paño húmedo |
| Somier, sobre todo la tela de fondo | Huevos blancos, aglomerados | Tela rasgada o manchada |
| Cabecero y anclajes a la pared | Regueros negros en los puntos de los tornillos | Rastros detrás del panel |
| Rodapié detrás de la cama | Excrementos en línea punteada a lo largo de la junta | Alineación de 10-20 cm |
| Enchufes cercanos a la cama | Polvo negro dentro de la caja | Requiere desatornillar: no hacerlo uno mismo |
En una vivienda amueblada o alquilada a un ocupante reciente, este punto es prioritario. En una vivienda vacía y repintada hace tiempo, el riesgo es menor pero no nulo: Cimex lectularius sobrevive varios meses sin alimentarse, y una vivienda desocupada durante cuatro meses no es una vivienda saneada.
Si queda la menor duda, un juego de trampas detectoras de chinches —las copas que se colocan bajo las patas de la cama— instalado desde la primera noche da una respuesta en una semana, por un coste irrisorio comparado con un tratamiento completo.
2. La cocina: el reino de la cucaracha rubia
La cucaracha rubia (Blattella germanica) es nocturna, termófila e higrófila. Vive a menos de tres metros de un punto de agua y de una fuente de calor. Por eso se inspeccionan estos lugares concretos:
- Bajo el fregadero, dentro del mueble: buscar excrementos parecidos a posos de café o pimienta molida alrededor de los pasos de tuberías.
- La junta de la puerta del frigorífico y la parte trasera del compresor, la zona más caliente de la vivienda.
- Las bisagras y las guías de los cajones, donde se acumulan las ootecas vacías (pequeñas cápsulas marrones estriadas de 6-8 mm).
- Los bajos del lavavajillas y de la lavadora, donde la humedad permanente crea un microclima ideal.
- Los falsos techos y los encofrados de la ventilación mecánica, si la vivienda los tiene.
Una sola ooteca vacía y seca, en una vivienda desocupada desde hace mucho, puede ser un vestigio. Una decena de excrementos frescos, no. La diferencia está en la frescura: los excrementos recientes se extienden, los antiguos se desmenuzan.
3. Los puntos de entrada de los roedores
No se busca una rata, se busca lo que permitiría entrar a una rata o a un ratón. Un ratón pasa por un orificio de 6 mm; una rata de alcantarilla, por uno de 20 mm.
- Pasos de canalizaciones sin sellar bajo el fregadero y detrás del inodoro.
- Rejillas de ventilación despegadas o roídas.
- Bajos de la puerta de entrada con una holgura de más de un centímetro.
- Patinillos de instalaciones accesibles desde el armario técnico.
- Marcas grasientas de roce a lo largo de los rodapiés, excrementos con forma de grano de arroz detrás del frigorífico.
Es el punto más fácil de corregir: unos burletes antirroedores de aluminio para bajo de puerta y lana de acero inoxidable introducida en los pasos de tuberías resuelven el 80 % de las intrusiones. Pero hay que documentarlo antes de firmar; de lo contrario, la reparación correrá por su cuenta.

4. La humedad, ese revelador silencioso
Una vivienda húmeda no solo atrae moho. Atrae cochinillas, lepismas, mosquitos del sustrato y, de forma indirecta, cucarachas orientales que suben desde los sótanos y las cámaras sanitarias.
Observe la parte baja de las paredes detrás de los muebles, el estado de las juntas de la ducha, la presencia o ausencia de una ventilación mecánica en funcionamiento. Una hoja de papel apoyada contra la boca de extracción debe sostenerse sola: si se cae, la ventilación no funciona, y eso es una mención que debe incluirse en el inventario.
5. Las zonas comunes: el punto ciego de todas las visitas
Nadie las inspecciona, y ahí es donde se juega lo esencial en un edificio colectivo.
- El cuarto de basuras: contenedores desbordados, ausencia de limpieza, suelo grasiento.
- El sótano: cebos rodenticidas colocados recientemente (las cajas negras de seguridad), rastros de excavación de ratas a lo largo de las paredes.
- El portal y los rellanos: carteles del administrador que mencionan una campaña de desratización o desinsectación, indicio valiosísimo que conviene fotografiar.
- La caja de escalera: nidos de avispas bajo los aleros, excrementos de paloma en los alféizares.
Una pregunta directa al conserje o al administrador —«¿Ha habido alguna intervención contra plagas en el edificio en los últimos doce meses?»— es perfectamente legítima. El contrato de desratización figura además entre los gastos repercutibles, y por tanto en los documentos que cualquier inquilino puede consultar.




